La inteligencia artificial (IA) ha irrumpido en la conversación pública con enorme fuerza, ocupando titulares, foros profesionales y debates institucionales. Sin embargo, esa abundancia de noticias, promesas y relatos sobre innovación no siempre ha ido acompañada de un desarrollo académico y profesional suficientemente sólido sobre su impacto real en la medicina: en la práctica clínica, en la relación médico-paciente, en la formación, en la ética, en la seguridad, en los derechos y en la responsabilidad profesional
